DECEPCIÓN
A mi amigo Jesús Carrasquel
20 de agosto de
2012
Amigo,
hace ya un mes que no nos vemos, desde que llegué mis ojos no han dejado de
lloviznar por una decepción amorosa que me ha clavado una gran espina en el
alma. La suntuosidad de la vida no es favorable para mi alma que en la
oscuridad respira con adversidad y complejidad de lo que el mundo ostenta.
Jesús, en el mundo, el más trémulo es mi cuerpo que en oscuro ático se hiela;
intentando traspasar la puerta cerrada con candado de olvido; más allá de ella
está la luz que mi alma siempre anhela. La vida y el amor, hermano mío, tienen
un sentido y una lógica; esto lo debemos aceptar todos los seres humanos que
habitamos este planeta y los que no lo aceptan siempre terminan cayendo en el
abismo; esto es lo que me está quemando por dentro, se me hace difícil aceptar
esto, se me hace difícil olvidar y seguir adelante, dejar atrás lo que perdí extrañamente.
Ya
han pasado dos semanas desde que recibí una carta de Rosbely, dicha carta me ha
puesto a vivir en la angustia y desequilibrio, en la desesperanza e indiferencia.
Aquí te muestro el contenido:
“Te
escribo desde la distancia y la ausencia de los días, tengo algo muy importante
que decirte, cosa que para mí no es fácil de contar porque sé que esto te
lastimará mucho, por eso voy a ser lo más lacónica posible. He estado saliendo
nuevamente con Javier, hoy me pidió que volviera con él y yo le dije que le iba
considerar la propuesta. Por favor, espero que me perdones algún día. Sé que me
amas mucho, pero ese amor tuyo no puede corresponderme, sabes que mi amor por
ti se desvaneció con el tiempo y las circunstancias y, por cosas de la vida,
raramente me está atrayendo nuevamente Javier. Perdóname, Augusto, perdóname.”
Esto,
amigo mío, me está despedazando el alma. La empecé a amar desde que le di el
primer beso y ella me confeso que fue el beso más inocente que le habían dado.
La hice feliz, Jesús, fue feliz en mis brazos y con ella fui tan bueno que
nunca la hice dudar de mí, nunca le hice algo que le pudiera poner triste; fui
cada día un mejor hombre para ella y así resultaron las cosas. ¡Qué gran decepción,
qué gran decepción! ¡Ha destruido mi vida, ha puesto en mi alma una gran
espina!
No
sé qué hacer, en verdad esto es demasiado fuerte para mí. En todos estos días
por mi mente han pasado muchos pensamientos que bien me están empujando poco a
poco al abismo que nadie quiere hundirse. Amigo, mis contracciones,
movimientos, perplejidades y lágrimas han hecho emerger en mi familia la
suspicacia de que yo esté loco.
Jesús,
prefiero hundirme en el abismo que estar en un manicomio.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario