miércoles, 9 de abril de 2014

TESTAMENTO POÉTICO DE ORLANDO ARAUJO




Entrego mi cuerpo a la tierra pero sin lápida encima, para que nazca un árbol, un arbusto, algunas flores. Si es en Calderas me gustaría una pomarrosa o un cerco de maizmillo. Si es en Río Chico, un croto, una cayena o un cocotero de dora estirpe. Pero sin lápida, por Dios, sin cemento encima para subir y respirar en árbol.

Dejo trescientos bolívares en mi cuenta del Banco Unión al cual debo cuarenta mil; dejo cien bolívares en el Banco Ítalo, al cual debo más de treinta mil. Páguense con mis derechos de autor y que los bancos cobren a mis editores. Son más de veinte libros. Los inéditos, digamos póstumos, no entran en esta obligación. Si no tengo tiempo de organizarlos lo harán Trina y Oscar Sambrano Urdaneta.

A Inés Morella le doy mis nietos y el conuco que tengo en río Chico y compartirá los frutos con Mariace.

A Olga le dejo el sombrero de mi padre y las mancornas de mi blusa.

A mi madre le dejo el dolor y mis promesas.

A Irma la dejo con Rosario y Omaira con Ítalo, lo demás es herencia, sufrimiento y goce.

A nadie le dejo el llanto, ni se lo permito.

A mis nietos les dejo la frágil memoria de su abuelo, una cadena pequeñita de oro para Ivanova, un ajedrez para Lucía y un poema para Pedro Vicente. A Petete le dejo a Inés.

A mis amigos les dejo mi violento recuerdo más allá sonando en la campana de mi corazón perdurable en ellos. Lo llevarán con ellos. Viviré con ellos y no me inmortalizarán mis libros sino el calor de la memoria en el fuego de mis hijos y de mis amigos y en la herencia vital del amor que ellos trasmitan.

Pido a mi partido, el Partido Comunista, que mencione mi nombre sin tristeza y que la honra que me ha dado la mantenga y conserve para mis herederos.

Trina es el albacea de un borracho infinito a cuyo cargo quedan los pesares de una vida insólita y el río hacia el mar de un tormentoso amor.

II

Regalo mis árboles al viento

dejo mi corazón a los amigos

dejo al mordisco de mis enemigos

la dura carne de mi pensamiento

Regalo el sol a un niño. El movimiento

de mis aguas lo doy como testigo

del páramo de ríos de mi abrigo,

el abrigo de Dios de mi tormento

No regalo mis vinos, me los llevo

para beber con santos y con diablos

en cielos y en infiernos donde bebo

con mi padre, compañero de mis viajes,

me llevo en mis amores los establos

los caballos, el galope, los celajes

de las crines lloviendo en la montura

bajo la lluvia de todos los caminos,

regalo el arcoiris de mis vinos

al llanto lejos que mi amor procura

Dejo en mis alforjas la locura

cabalgando entre páramos y pinos

Dejo a mis hijos mi cabalgadura

para que vayan enlazando sus destinos

No tengo más que dar ni que pedir

me queda el latifundio de la muerte

y tengo por pasado el porvenir

Ahora recuerdo, por gracia de mi herida

que tengo a Venezuela por mi suerte,

espiga de amor, trigo de vida

Puedo entonces donar al mundo entero

la libertad, mi rojo patrimonio,

la vestidura de mi audaz demonio

la espada de Bolívar en enero

Puedo calmar los ojos de mi insomnio

sobre la tierra donde ausente muero

regando las flores que más quiero

con el llanto de amor de mi demonio

Demonio de mi tierra, ávida de guerra

de llevar libertad por todo el mundo,

flor de amor, de Bolívar, de mi tierra

Dejo la herencia que me dio la gloria

sin saberla cabalgar en lo profundo

a quienes hoy, muriendo, hacen la historia.

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